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Alicia Nurho lanza Raptus : un relámpago sonoro entre el éxtasis y la fragilidad


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Con Raptus, Alicia Nurho cierra un tríptico sonoro que comenzó con Et Lux y Velut Speculum, completando una obra que dialoga con la pintura renacentista y el misticismo medieval desde una sensibilidad electrónica radicalmente contemporánea.


Este tercer movimiento no es una conclusión, sino una fisura: un interludio arrebatado que irrumpe como un relámpago, condensando en un solo respiro el vértigo de lo divino y la fragilidad del instante. La pieza se abre con el eco residual del piano anterior, sobre el que emerge un sintetizador trémulo y la voz luminosa de Merula, figura interior que acompaña a Nurho en este viaje de autoconocimiento. El canon vocal estalla sin aviso, sostenido por armonías disonantes que evocan a Stravinsky, mientras el violín —por primera vez interpretado por la propia artista— se convierte en una nueva voz narrativa dentro del relato.


Raptus es también una declaración estética: una obra que desafía los algoritmos y se sitúa en los márgenes de lo clasificable. Mezclada y masterizada por Fernando Monedero, la pieza fue etiquetada como “ruido” por una plataforma digital, prueba de su naturaleza fronteriza. Pero en esa frontera, Alicia Nurho encuentra libertad. Tras años como violinista en proyectos tan diversos como Paradise Lost, Amaral o el circo etíope Fekat, la artista abraza su neurodivergencia como fuerza creativa, construyendo un universo sonoro propio, íntimo y profundamente simbólico. Con Raptus, no busca complacer: busca revelar.


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