Scorie debuta con The Leash and The Fury: servidumbre voluntaria, cinismo post-punk y una estética sin filtros
- Jose Angel Rincon
- 23 sept
- 2 Min. de lectura

Con The Leash and The Fury, Scorie irrumpe en la escena con un sonido que mezcla groove profundo, sintetizadores fantasmales y una voz grave que suplica ser maltratada. Este primer sencillo no solo establece las bases de su estética: es un monólogo sexual torturado, una oda a la sumisión y una sátira mordaz sobre el asco que provoca la servidumbre voluntaria.
Entre la energía cruda del post-punk actual y la intensidad sin disculpas de Nick Cave o The Doors, Scorie se presenta como una banda que no teme incomodar, ni dejar que la incomodidad se vuelva arte. Su sonido es cinematográfico, visceral y cargado de sarcasmo, como un paseo en coche al atardecer con una rueda rota o un suéter de poliéster en plena ola de calor. Después de un año cocinando su EP debut, el cuarteto lanza este primer corte como un filete francés servido crudo: incómodo, provocador y difícil de ignorar. The Leash and The Fury es mitad plegaria kinky, mitad escupitajo político, y evoca el placer de ser humillado tanto como la náusea que eso provoca.
Scorie es el relato de cuatro ingenuos desencantados que observan con ironía el ballet de las convenciones sociales, rechazándolas tanto como las necesitan. Su propuesta en vivo es perfecta para quienes quieren liberar violencia y melancolía al mismo tiempo, como viajar en primera clase con los pies hundidos en el barro. Y si se lo pides con amabilidad, el vocalista podría dejarte probar un sorbo de su botella de vieille prune, esa especie de osito de peluche líquido que lo acompaña como a un adulto con insomnio crónico. Scorie no solo lanza música: lanza una declaración estética que incomoda, seduce y deja marca. El sencillo principal es Legitimate Violence, que encapsula perfectamente lo menciondo.
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